Ars Erotica

En la Antigüedad, los griegos solían diferenciar el sexo recreativo del meramente reproductivo y ambos permanecían bajo la protección de Eros y Afrodita respectivamente. El sexo destinado a la continuidad de la especie, es decir, el conyugal, se encontraba dentro de la intimidad del oikos y el sexo “social”, era el practicado con las hetairas en el ambiente del simposio, con jovencitos en la palestra o con esclavos, prostitutas o concubinas de ambos sexos. Y es el segundo tipo, el sexo por placer, el que nos encontramos plasmado en el arte por los antiguos.

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Pintor de Nikias, Escena de simposio con hetaira tocando el aulos y simposiastas jugando al cótabo, crátera de campana ática de figuras rojas, 420 a.c. Museo Arqueológico Nacional, Madrid. La hetera en el banquete actúa como instrumentista, bailarina y partenaire erótica. El simposio era un acto social de gran importancia donde se comía, bebía, se conspiraba y se disfrutaba del sexo en común. Las kylikes estaban diseñadas con dos asas para compartir la bebida.

La representación del erotismo en el arte, tanto para griegos como para romanos, era algo aceptado por la sociedad y no lo veían como algo pornográfico o con connotaciones negativas, sino más bien todo lo contrario, pues estas representaciones estaban bastante valoradas ya que en ellos todavía no había una conciencia de tabú en cuanto al sexo tan propia de las sociedades regidas por las religiones monoteístas. Aunque no nos tenemos que llamar a engaño, sino que, también nos encontramos con prohibiciones y transgresiones, pero la concepción del erotismo en el mundo clásico es muy diferente de la concepción actual y eso es un punto que hay que tener presente.

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Pintor de Shuvalov, Escena sexual, enócoe ático de figuras rojas, 430 a.c. Altes Museum, Berlín. Vemos una pareja en  que la mujer mira de frente al hombre joven, ejemplo de representación diferente de la habitual del a tergo.

Para empezar, para un griego era más bello y noble amar a un muchacho que a una mujer y digo muchacho, porque solo estaba socialmente aceptado la relación entre un hombre adulto con un púber, es decir entre un erastés y un pais respectivamente, pues la relación homosexual entre adultos estaba estigmatizada en la sociedad griega. En el caso romano, la importancia no estribaba en la edad sino en el rango social; para ellos, la relación homosexual sólo era lícita entre un hombre libre con un esclavo, siendo los servicios sexuales una de las obligaciones de éste para con su dómine, además de mantener un papel “activo”, ya que el ser sodomizado era considerado denigrante y estaba incluso penalizado. Los romanos no distinguían entre homosexualidad y heterosexualidad sino más bien entre actividad y pasividad.

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Pintor de Briseida, Escena de beso, medallón de copa ática de figuras rojas, 480 a.c. Museo Louvre, París.

La relación pederástica tiene un origen de ritual iniciático de la Grecia anterior a Homero, en el que el adulto le pasaba la andreia o virilidad al imberbe, iniciando de este modo al adolescente en la edad adulta, que era cuando le salía la barba y ya no era considerado bello, teniendo con ello, que dejar de ser un sujeto “pasivo” o afeminado, para convertirse en “activo” tanto como ciudadano a nivel de la polis, como sexualmente. Las imágenes eróticas griegas aparecen de modo casi exclusivo en los vasos y copas de vino, asociándolas de este modo a las escenas y ambientes lúdicos del simposio.

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Escena de cortejo. Detalle. Ánfora ática de figuras negras, med. s.IV A.C., Staatliche Antikensammlungen, Múnich. Aquí podemos observar el esquema de representación de la relación pederastica, en el que el erastés le pone una mano en la cara y otra en los genitales al erómenos.

Las escenas más representadas en los vasos griegos sobre todo en los siglos VI y V a.c., son de cortejo homosexual, en un ambiente de palestra (donde los hombres se ejercitaban desnudos) o de caza, ya que son los ámbitos propios para la iniciación del joven en la edad adulta. El esquema siempre es el mismo, el erastés, que es el adulto barbado que corteja y el efebo cortejado o erómenos, aparecen desnudos o semidesnudos y junto con regalos de seducción como pueden ser gallos o liebres, constituyendo escenas muy sutiles y delicadas que pretenden mostrar el erotismo del juego seductor del adulto con el adolescente. De esta época también son las representaciones de las orgías, que, aunque son las bacanales romanas las que gozan de fama, es en la cerámica griega donde se representaron, aunque durante un corto periodo de tiempo y son muy escasas.

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Pintor de Berlín, Ganímedes jugando con un aro y portando un gallo, regalo pederástico de su amante el dios Zeus, crátera ática de figuras rojas, 500-490 a.c. Museo Louvre, París.
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Pintor de Göttingen, Escena erótica de simposiastas con heteras, crátera ática de figuras rojas, 500-490 a.c. Museo de arte cicládico, Atenas. Se observa el ambiente orgiástico post-simposio.

No así en las que aparecen las mujeres, siendo estas imágenes más explícitas y sin delicadeza, puesto que las consideran un ser inferior y se dedican a objetualizarlas, llegando a mostrarse imágenes de violencia con varas o más comúnmente con la zapatilla. El uso de la zapatilla se asocia en Grecia con Afrodita y con las hetairas; en cuanto a los romanos, durante fiestas como la Bona Dea, se pegaba a las mujeres con ramas de mirto para propiciar la fecundidad. Las escenas sexuales en Grecia se representaban casi siempre en la postura a tergo, quizás por la ambigüedad que presentaba dicha postura tomada de la relación pederasta, además, el hombre no debía aparecer nunca en una posición innoble o considerada humillante, eso se lo dejaban a la mujer o a seres inferiores como los faunos o sátiros.

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Afrodita y Pan, grupo escultórico de mármol, procedente de Delos, finales del s. II a.c., Museo Arqueológico Nacional, Atenas.

No es hasta finales del siglo IV a.c., en el ocaso del arcaísmo, cuando se empiezan a feminizar las representaciones, mostrando ambientes de gineceo y dando paso a la sensualidad del desnudo femenino que se dará con Praxíteles, pues anteriormente la representación del cuerpo femenino se masculinizaba. Los temas femeninos, los espacios agrestes (los cuales se asocian a las mujeres y a los seres no civilizados como los faunos) y las escenas heterosexuales se van abriendo paso. Con el tiempo acaban reducidos a objetos cotidianos como espejos y objetos de tocador durante el helenismo, y posteriormente será continuado por los romanos.

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Escena sexual de pareja a tergo, espejo de bronce, procedente de Corinto, 320 a.c., Museum of Fine Arts, Boston. El espejo constituye un atributo de la mujer, con el que, en la intimidad femenina, mientras se contempla así misma, se prepara para su encuentro con el hombre.

Otro tema representativo del erotismo era el jugado por la mitología, la aparición del dios Dioniso (el dios del vino con sus bacantes y ménades y siendo el falo erecto uno de sus ídolos), el dios de los bosques y de los pastores Pan y el dios romano de la fecundidad Príapo. Aunque también gozaba de éxito la representación del Hermafrodita, y es que, el hijo de Hermes y Afrodita ostentaba el erotismo proveniente de la fusión de lo femenino con lo masculino.

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Templo de Dioniso en Delos, siglo III a.c.

 

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Hermafrodita, escultura de mármol, procedente de Pérgamo, Siglo III a.c., Museo Arqueológico, Estambul.

Los griegos y los romanos acudían a las representaciones de carácter erótico también como un modo de protegerse contra los malos espíritus, es decir, con carácter apotropaico, y buen ejemplo de ello son las hermas, éstas constituyen una especie de columnas exentas, de pilares dedicados al dios Hermes, con su busto y un falo erecto esculpido y las cuales se encontraban en las encrucijadas de las calles, con la función de marcar las lindes, dando buena suerte tocarlos cuando pasabas cerca de alguno.

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Herma procedente de Sifnos en Grecia, 520 a.c., Museo Arqueológico Nacional, Atenas.

Continuará…

FUENTE IMÁGENES (por orden de aparición).

 

 

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