Ars Erotica (II)

En las casas romanas era muy común encontrarse con la imagen tanto en pintura como en escultura del dios Príapo, en representación itifálica, para proporcionar abundancia y prosperidad al hogar. Al contrario de lo que se cree, el representar falos en un tamaño desproporcionadamente grande viene del hecho de otorgarle el valor mágico de protección y de buena suerte y sin poseer ninguna connotación sexual, pues tanto los griegos como los romanos no lo verían como algo bello ni erótico, sino más bien todo lo contrario, tal y como podemos apreciar en su arte, el falo de grandes dimensiones se atribuía a personajes considerados menores, como son los pertenecientes a otras etnias, a seres con anomalías físicas como enanos o a sátiros y faunos, aparte del dios Príapo, dios menor de la fertilidad. También abundaban los objetos como los pies de mesa con sátiros itifálicos, o la representación directamente del falo, por ejemplo, en balsamarios, en amuletos como collares o en los llamados tintinnabulum.

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Príapo pesando su miembro, 62-79 d.c. Fresco. Entrada de la Casa de los Vettii, Pompeya. Era la primera imagen que recibía a los visitantes de la casa de los hermanos Vettii, esta imagen custodiaba la entrada mientras que en el peristilo se encontraba una estatua itifálica de Príapo. Al dios Príapo se le solía representar de forma itifálica junto con un cesto de frutas para simbolizar la abundancia y la prosperidad.

 

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Trípode de bronce con sátiros itifálicos, s.I a.c., encontrado en la Casa de Julia Félix en Pompeya. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

Estos tintinnabulum eran unos objetos con forma fálica, de los que colgaban campanillas para acrecentar el carácter apotropaico; también en las calles podíamos ver falos grabados en el pavimento o en las entradas de los comercios, ya que aparte de proteger de las envidias y malas intenciones también auguraban prosperidad y abundancia tanto a los negocios como en las viviendas privadas. La representación de los falos era variada, se les proporcionaba ojos, se les colgaba campanillas y se les dotaba de extremidades o de alas, en una especie de transformación de pájaro-falo.

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Falo grabado en los adoquines de basalto, S. I a.c., Vía de la Abundancia, Pompeya. Los símbolos fálicos se encontraban repartidos por toda la ciudad, desde grabados en las calles, como en este caso, en la calle principal de la ciudad, hasta en pequeños templetes, en las fuentes y por las paredes de las calles y comercios, todo ello con un carácter apotropaico y con intención de atraer la buena suerte al viandante.
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Falo itifálico colgante con campanillas (Tintinnabulum), procedente de Herculano, S. I d.c. Bronce. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles. La combinación entre el órgano masculino y las campanillas duplicaba su carácter protector. Al falo se le dotaba de alas en una transformación en pájaro-falo, esto probablemente tenga relación con  que esta idea haya pervivido hasta nuestros días, en que al órgano masculino se le denomine “pajarito”.

Otro de los sitios donde abundaban este tipo de imágenes eran las termas, considerándose estos sitios especialmente vulnerables, debido a que la envidia que se podía sentir en un vestuario sobre algún cuerpo bello hacía necesaria la aparición de este tipo de imágenes. Los romanos pensaban que las envidias provenían de las miradas, del fascinus como la capacidad de atraer el mal con la mirada o el llamado mal de ojo, pues fascinus también era el nombre que recibía el órgano sexual masculino y éstas generaban unas vibraciones que recaían en el objeto de la mirada provocándole la desgracia, por ello, la representación del ojo atacado por un tridente o el proporcionarle ojos al falo añadía protección a la imagen.

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Sirviente africano con dos jarras de agua en las manos. Mosaico situado en la entrada al caldarium de las termas privadas de la casa de Menandro en Pompeya. 40-20  a.c. Su ubicación en el pasillo entre la sala de agua tibia o tepidarium y la sala de agua caliente o caldarium se realizó para hacer reir a los bañistas y ahuyentar a los malos espíritus, la figura del etíope era para los romanos una figura cómica al hacer hincapié en sus genitales, considerándoles  “hipersexuados”. Debajo del sirviente el artista reproduce otra figura fálica dentro de una vagina pero en bajo la apariencia de un ungüentario colgado de dos cintas y flanqueado por dos estrígilos, así, según opina John R. Clarke, los estrígilos representan los labios de la vagina y el frasco el miembro masculino.

 

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Pared del Apodyterium de las Termas suburbanas de Pompeya. Vista general, 62-79 d.c. Fresco. Estas pinturas se encuentran en la zona del Apodyterium, donde los usuarios se cambiaban, zona donde se encontraban las pinturas de carácter apotropaico y que coincidían con las cajas que también están pintadas donde se dejarían los enseres.

 

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Escenas eróticas de las Termas suburbanas de Pompeya. Detalle, 62-79 d.c.

La finalidad de estas imágenes eróticas, como la representación de escenas sexuales tabú tales como el sexo oral, el sexo lésbico y el sexo en grupo, por ejemplo, que aparecen en las termas suburbanas de Pompeya, era la de provocar la risa de quien las veía, pues los antiguos romanos y griegos creían que la risa ahuyentaba el mal de ojo, aunque no se sabe con certeza la intención de las pinturas procedentes de estas termas, ya que también podían servir según sugiere el especialista Antonio Varone como imagen para que el usuario no se olvidara de la taquilla donde tenía sus enseres. Otra de las representaciones tabú era la de la masturbación, que nunca se representó, solamente en seres como los sátiros o las mujeres, como se puede ver en algunas vasijas griegas, con escenas en las que las mujeres portan unos falos llamados dildos u ólisboi, pero nunca a un hombre, al igual que la representación de la zoofilia, para lo cual utilizaban al sátiro, fauno, sileno o a la mujer, por tratarse de comportamientos propios de personajes inferiores.

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Pan y la cabritilla, grupo escultórico en mármol, procedente de la Villa de los Papiros en Herculano, S. I. a.c. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles. Cuando se descubrió en 1753, provocó tanto escándalo que el rey Carlos III la custodió bajo llave en el Palacio de Portici, prohibiendo que se mostrara a nadie que no tuviera su autorización.

 

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Sátiro y Ninfa, mosaico procedente de la Casa del Fauno, Pompeya, S. I. a.c. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

 

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Escena erótica. Cerámica griega. La  mujer porta en ambas manos unos ólisboi. Museo Cerveteri, Roma.

Otra función de las imágenes eróticas en el mundo romano era la de ambientar una atmósfera propicia al sexo, con una sofisticación en las representaciones respecto de los griegos, ya que los romanos se inclinaron por dotar a la imagen de un cierto romanticismo, creando acercamiento entre los amantes a través de las miradas. Las imágenes eróticas en el mundo romano eran más variadas, representándose todo tipo de posturas sexuales, aunque la favorita del a tergo seguía poseyendo vigencia, pero con la preferencia de mostrar a los amantes recostados, situándolos en ambientes íntimos de alcoba, la cual se suele encontrar decorada aludiendo a un ambiente de banquete y muchas de las veces con un tercer personaje a modo de voyeur, pues la convivencia con los esclavos los hacía partícipes de dichas escenas.

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Escena erótica. Fresco procedente de la Casa de Cecilio Jocundo en Pompeya, 62-79 d.c. Esta pintura se encontraba en el peristilo de la casa, probablemente con la intención de alardear del gusto refinado de su dueño, en la escena vemos a una pareja en la cama junto con un tercer personaje, un esclavo, a modo de voyeur.
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Espejo de mano con escena erótica. Bronce, procedente del monte Esquilino, 70-90 d.c. Antiquarium Comunale, Roma. Escena sexual de una pareja en el reverso de un espejo de mano, se ve la habitación lujosamente decorada, con un perrito faldero y donde observamos un cuadrito con escena erótica con unas puertecitas para cerrar o abrir la pintura. Este tipo de imágenes decoraban alcobas lujosas o los salones de refinados coleccionistas de arte.

Las representaciones son siempre con prostitutas o esclavos, pues, supuestamente,  solo les era permitida la cópula fuera del matrimonio con gente de rango inferior, sobre todo si éstas eran de carácter homosexual. Algunos objetos se decoraban con escenas bisexuales, esto es, por un cara una escena homosexual y por la otra una heterosexual, las representaciones eróticas aparecían en todo tipo de objetos, desde joyas hasta  objetos de uso cotidiano como vasos, copas, candiles, cerámicas, vasijas y espejos y  también, por supuesto, aparecían en pinturas.

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Candil con escena sexual. Terracota, procedente de Arles. Finales del s. I d.c. Museo de Antigua Ciudad de Arles, Arles. La mujer que se encuentra arriba en la posición mulier equitans mueve sus pesas mientras yace con su compañero, aún así no deja de mostrarse femenina con el elaborado peinado y con los brazaletes.
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Copa Warren, cara A: escena homoerótica con un joven espectador. Plata, 15-30 d.c. British Museum, Londres. Representación de una escena erótica muy sensual y elegante, en el que el hombre que se encuentra arriba se sujeta con una especie de cuerda. El joven espectador espía a la pareja a través de una puerta entreabierta. Los romanos valoraban de manera especial las copas con escenas eróticas.

 

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Copa Warren, cara B: hombre penetrando a un joven. Detalle. Plata, 15-30 d.c. Britsh Musem, Londres. En la escena podemos ver que la escena ha variado en su representación canónica de las miradas de los amantes, en esta ocasión cada uno mira para un lado. El peinado con mechón del joven penetrado nos revela su condición de esclavo o de extranjero y  también que nos encontramos en época augusta.

 

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Gema tallada con escena homoerótica e inscripción en griego. Piedra semipreciosa (ágata), s. I a.c. Gabinete de la Moneda, Leiden. Personaliza el acto sexual a través de la imagen y del poema dedicado al hombre destinatario de la gema, el poema habla de disfrutar de los placeres pues la vida es breve en una especie de memento mori. Las gemas talladas constituían los objetos de arte más caros de la antigua Roma.

Los romanos les dieron mucho valor a las pinacotecas, las pinturas con escenas eróticas eran propias de gente refinada, eran muy apreciadas y podían estar ocultas en la intimidad de la alcoba, a la vista de visitantes en las salas para la recepción de los mismos o en el peristilo de la casa, como un modo de alardear del lujo y gusto refinado de los propietarios. Otro de los sitios donde vemos representaciones eróticas en las paredes es, por ejemplo, en el lupanar de la ciudad de Pompeya, sitio en el que dichas imágenes si poseerían un carácter de indicador sexual, o en las tabernas, donde se piensa que podían estar inspiradas en escenas teatrales de carácter sexual.

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Pared de la habitación 43 con fresco erótico, procedente de la Casa del Centenario en Pompeya, 62-79 d.c. Se ve como las pinturas eróticas constituían un elemento decorativo más de la casa, poseer pinturas eróticas era considerado como signo de lujo y distinción social.
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Escena erótica. Detalle. Fresco procedente de la Casa del Centenario en Pompeya, 62-79 d.c
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Dintel del cubículo de el Lupanar de Pompeya, con dos escenas eróticas, s.. I d.c. Aquí podemos observar como estaban distribuidas las pinturas en el Lupanar. Las pinturas eróticas de el Lupanar eran muy refinadas, con todo tipo de detalles y reflejando ambientes lujosos con guirnaldas y habitaciones muy finamente decoradas, las camas se muestran sofisticadas con cabecera y patas y con bellas colchas formando guirnaldas. Las pinturas por lo general no reflejan el ambiente sórdido que allí habría, empezando por las camas de obra que había en los cubículos, con lo cual con ellas lo que se pretendía sería embellecer la realidad del local.
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Escena erótica. Fresco situado en el Lupanar de Pompeya, 70-79 d.c. Habitación ricamente decorada incluso con un candil, la mujer en posición mulier equitans mira tiernamente a su compañero. Resulta la pintura mejor conservada, el artista se encargó de pintar todo tipo de detalles en la composición.
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Escena erótica. Fresco situado en el Lupanar de Pompeya, 70-79 d.c. Ella se encuentra en una pose muy elegante y sensual mientras que a él lo vemos portando una corona de laurel.
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Escena erótica. Detalle. Fresco situado en la Casa del Restaurante en Pompeya, 62-79 d.c. Aquí los expertos dilucidan que la mujer se está masturbando, lo que explicaría el gesto del hombre que porta una guirnalda y es que los romanos se suponía que se  masturbaban con la mano izquierda la “sucia”, el mal estado de la pintura hace que no se sepa con certeza pues son solo hipótesis. Esta casa, transformada en taberna ofrecía unos salones decorados junto a una sala con pinturas eróticas destinada a ocasionales encuentros amorosos.

Las monedas son otro elemento donde podemos ver imágenes eróticas, pues las spintriae, son monedas que contienen escenas de carácter erótico y que se han encontrado repartidas por todo el territorio del Imperio, poseen una escena de carácter sexual en una cara y un número en la otra, los números van del I al XVI y se cree que se utilizaban como forma de pago en los prostíbulos o como fichas de juego.

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Spintriae. Monedas romanas con un número en un lado y una escena erótica en el otro.

Como se puede concluir, los antiguos griegos y romanos no dotaban a las imágenes de carácter sexual o erótico de un significado pornográfico, sino, más bien era un arte asimilado en la cotidianeidad de la sociedad, dirigido a ahuyentar el mal de ojo a través de la comicidad o de ilustrar y estimular la imaginación con apasionados encuentros eróticos en un ambiente elegante, también a modo de catálogo didáctico o como signo de distinción social.

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Placa con la leyenda “HIC HABITAT FELICITAS” (aquí mora la felicidad). Terracota, procedente de Pompeya, s I d.c. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles. Se trata de una placa con leyenda y con un relieve fálico, estaba encima del horno de una panadería. Probablemente el dueño la colocó para atraer suerte y prosperidad a su negocio.

 

FUENTE IMÁGENES (por orden de aparición).

 

 

 

 

 

 

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