Santas y divinas

Detenidas un instante en su camino hacia el cielo, así es como aparecen esta serie de santas vírgenes y mártires en la obra de Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 – Madrid, 1664) y que se constituyen como lo más exquisito y sublime de su producción. La mayoría de estas santas fueron realizadas por el pintor extremeño durante el período comprendido entre los años 30 y 50 del siglo XVII, obteniendo un gran éxito con ellas, hasta el punto que comenzaron a comercializarse con encargos para el Nuevo Mundo, hecho por otro lado, favorecido por el traslado de Zurbarán a Sevilla, la ciudad más rica y puerto de España hacia las Indias occidentales.

ce0bd7668fd889966cd7db499fa648a8
Francisco de Zurbarán, Santa Catalina de Alejandría, 1640. Colección Masaveu, Oviedo.

Para corresponder con la gran demanda de sus obras, tanto del otro lado del Atlántico como de la península, Zurbarán enseguida se vio en la necesidad de montar un obrador  que le ayudase a cumplir con todos los encargos. El éxito de sus santas vino de su buen hacer (como corresponde a uno de los mejores pintores del Siglo de Oro español) y de su visión personal de las mismas; la elegancia y sofisticación con que dotó a las jóvenes mártires, con ropajes ricos tanto en detalles como en majestuosidad, junto con el carácter individualizado e intimista que invitaba a la contemplación y al recogimiento, siguiendo con los preceptos postridentinos, hizo de ellas un objeto indispensable en toda casa noble y en todo convento que se preciase.

Santa_Isabel_de_Portugal
Francisco de Zurbarán, Santa Isabel de Portugal, 1635. Museo Nacional del Prado, Madrid.

El pintor extremeño, al igual que hiciera su colega Murillo, se inspiraba en modelos reales, en las jóvenes sevillanas que correspondían con el prototipo que le gustaba inmortalizar, es decir, mujeres morenas, con grandes ojos negros y boca pequeña. Lo más característico de ellas es, sin duda, el tratamiento de las telas, lo cual le viene de su familiaridad con los distintos tejidos, pues su padre era comerciante de telas, poniéndose de relieve, a través de su obra, su profundo conocimiento de las mismas.

Francisco_de_Zurbarán_035
Francisco de Zurbarán, Santa Apolonia, 1636/1640. Museo del Louvre, París.

Nadie como él logró reflejar la tactilidad y las texturas en la pintura, dotando a sus santas de unos trajes voluminosos, elegantes y ricos en brocados, sedas, tafetanes y joyas, con vestidos probablemente sacados del teatro sagrado, de las comedias de santos, de los autos sacramentales y de los desfiles del Corpus Christi, que tan habituales eran en la Sevilla del pleno Barroco. Asimismo, las vestía con elementos de la época como la basquiña (falda) y el jubón (especie de corpiño), con sobrefaldas y mantos abullonados y con adornos del pasado siglo XVI, pues, había de responder a la llamada de la Iglesia de vestir a los santos con indumentaria aprobada por una tradición antigua.

Santa_Dorotea_(Zurbarán)
Francisco de Zurbarán, Santa Dorotea, 1645/50. Colección particular.

Para ello también utilizaban en su obrador los grabados flamencos y alemanes que les llegaban y de los cuales, Zurbarán supo sacar un mayor partido insuflándoles la belleza tan característica de su obra, pues su decisión de no representarlas sufriendo los horrores del martirio, sino, simplemente portando sus atributos y vestidas como princesas, con la dulzura típica de sus rostros, hizo que fueran muy codiciadas ya entonces, deseando toda dama de la alta sociedad de la época ser representada como una santa de Zurbarán.

Francisco_de_Zurbarán_047
Francisco de Zurbarán, Santa Margarita, 1645/50. The National Gallery, Londres.

A pesar de lo sofisticado de sus representaciones de santas, su austeridad en las composiciones, con un fondo neutro, en soledad, con una iluminación claroscurista, con una exaltación del sentimiento religioso, etc, hizo de ellas unas perfectas imágenes devocionales, dotándolas de los elementos necesarios para ello y pudiendo constituirse como obras independientes o como series procesionales, como la que podemos admirar en el interior de la Iglesia de Santa Clara de Carmona, en Sevilla, obra de un anónimo zurbaranesco.

Francisco_de_Zurbarán_-_Saint_Ursula_-_Google_Art_Project
Francisco de Zurbarán, Santa Úrsula, 1635/1640. Galleria di Palazzo Bianco, Génova.

 

 

 

 

 

 

FUENTE IMÁGENES (por orden de aparición).

 

2 comments on “Santas y divinas

  1. Una maravilla de obras y una maravilla de entrada: ¡enhorabuena!

    El Siglo de Oro ha sido siempre una materia pendiente en mis intereses, y artículos así se agradecen mucho. Bendito Zurbarán, su maestría, y todo lo bueno que dio de sí España en esa época (únicamente alcanzado, a mi modesto parecer, por los grandes pintores, escultores y literatos del XIX).

    Saludos, y muchas gracias por compartir estas entradas (¡la de Sancho me ha arrancado una lagrimilla)!

    A.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s