La Serenissima y sus cortesanas

La Serenísima República de Venecia se constituyó como Estado independiente desde finales del siglo VII hasta prácticamente acabado el siglo XVIII, teniendo su mayor período de esplendor entre los siglos XV y XVII. La Venecia renacentista fue un importante centro comercial del Mediterráneo y un auténtico hervidero de cultura y refinamiento, donde se alentaba al desarrollo de las artes y de las letras, con la creación de la primera biblioteca pública de Europa, la Biblioteca Marciana, y el nacimiento de la Escuela veneciana, uno de los momentos cumbre del Renacimiento italiano, cuyo influjo prevalecería en el arte de la Europa posterior, con la supremacía del color sobre el dibujo y con Tiziano, Tintoretto y Veronese como sus máximos representantes.

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Tiziano, Flora, c. 1515, Galeria Uffizi, Florencia. (Wikimedia Commons)

Por sus calles se respiraba un crisol de culturas, con mercaderes y artesanos provenientes de todas partes del mundo (árabes, armenios, judíos, etc.), desarrollándose diferentes oficios como la tintura, la orfebrería, la cristalería, ofreciendo todo tipo de tejidos como sedas, lanas, encajes…Venecia también era conocida por su dedicación al lujo, al ocio y por la majestuosidad con que recibía a los altos dignatarios extranjeros. El siglo XVI fue el de mayor apogeo y tanto en las artes como en las letras surgieron nombres femeninos, algo insólito en una época en que la cultura estaba vetada para las mujeres. En Venecia se dio la figura de la cortesana, término procedente de la obra El Cortesano de Castiglione y se constituían como uno de los atractivos de la ciudad.

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Giorgione, Retrato de una joven (Laura), c. 1506, Kunsthistoriches Museum, Viena. (Wikimedia Commons)

Estas cortesanas eran denominadas cortesanae honestae para distinguirlas de las meretrices vulgares, pues éstas gozaban de una elevada posición social, económica y de poder que sus compañeras del puente de Rialto no poseían (las cortesanas se encontraban distribuidas en determinados espacios de la ciudad). Estas prostitutas distinguidas seducían tanto por sus encantos físicos como por su atractivo intelectual y exquisita educación, encontrándose entre sus clientes a los personajes más importantes de la época, desde ricos armadores y comerciantes, hasta la nobleza y los altos dignatarios políticos, pasando por el clero.

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Paris Bordone, Retrato de una joven, 1543-1550, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. (Wikimedia Commons)

Para distinguirlas de las demás venecianas, es decir, de las mujeres honestas, la institución denominada Provveditori alle Pompe pretendía controlar el exhibicionismo de las cortesanas, prohibiéndolas vestir con atuendos lujosos, prohibiendo el uso de oro, plata y seda en los adornos y vestidos y disponiendo que vistieran de amarillo para su mejor diferenciación social, aunque tal cosa, claro está, no llegó a cumplirse, pues las cortesanas hicieron gala de un lujo y una sofisticación en sus atuendos que, junto con su interés por la cultura, ya que muchas de ellas destacaron como poetisas, músicas, cantantes y compositoras, dieron como resultado que pasasen casi a ser consideradas como parte del patrimonio de la República de Venecia.

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Domenico Tintoretto, Dama descubriendo el seno, 1580-1590, Museo Nacional del Prado, Madrid. (Wikimedia Commons)

Los grandes artistas del momento retrataron a estas cortesanas honestas, tanto en retratos como plasmadas en pinturas mitológicas o bíblicas, pues su belleza física las hacia valedoras de títulos como el de musa de pintores de la talla de Tiziano, Tintoretto, Veronese, Giorgione o Palma el Viejo. A las cortigiane oneste se las representaba desnudas o con el pecho al descubierto, portando collar de perlas, rosas silvestres, cadenas de oro y piedras preciosas cruzándoles el pecho, acompañadas de sátiros o animales como el mono o el papagayo, ataviadas con vestidos representativos de la moda del momento y luciendo una larga cabellera rubia, muy en boga en esa época. Todos estos símbolos evidenciaban la naturaleza erótica de su profesión y eran alusivos de la libertad sexual, de la lujuria y del amor carnal, atributos que también podemos ver en representaciones de la diosa Venus.

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Paris Bordone, Mujeres venecianas en el tocador, c. 1545, Galería Nacional, Edimburgo. (Wikimedia Commons)

Estas cortesanas del Renacimiento causaban verdadera fascinación, pues así lo ilustran los viajeros que dejaron constancia de ello en sus cartas y diarios de viaje, puesto que la cortesana honesta combinaba sabiamente sus conocimientos con sus encantos. Conocimientos notorios, que hicieron de algunas de ellas auténticas poetisas como las famosas Verónica Franco y Gaspara Stampa, reconocidas como las poetisas más importantes del Renacimiento, ésta última igualmente valorada por su voz y dominio del laúd, también, Tullia d´Aragona, literata que consiguió librarse de la imposición del velo amarillo al regalar un volumen de versos al duque de Ferrara. Este grupo de mujeres, poseedoras de una vasta cultura y adelantándose a las salonnières de la Francia del s. XVIII, celebraban reuniones literarias en sus lujosas residencias a las que solo un selecto círculo podía acceder.

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Jacopo Robusti Tintoretto, Retrato de una joven (Verónica Franco), c. 1575, Worcester Art Museum, Massachusetss. (Wikimedia Commons)

Verónica Franco, la cortesana más famosa de todas, que vivió en la segunda mitad del s. XVI y cuya presencia fue requerida por el propio Enrique III de Francia a su llegada a la ciudad de la laguna, dejó patente en su obra Lettere familiari a diversi una crítica sobre la doble moral veneciana, afirmando que muchas mujeres tuvieron que acogerse al oficio más viejo del mundo debido a la injusticia social que se cometía con ellas.

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Moretto da Brescia, Tullia d´Aragona como Salomé, c. 1537, Pinacoteca Tosio Martinengo, Museo de Brescia, Brescia. (Wikimedia Commons)

 

 

IMAGEN PORTADA: Palma il Vecchio, Retrato de una mujer joven llamada “La Bella”, 1518-1520, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. (Wikimedia Commons).

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